Las grandes obras literarias suelen ser escritas con el máximo cuidado en los detalles, finalmente la marca de un buen escritor es determinada en parte por su buen conocimiento y uso de la lengua en la que escribe. Cuando el lector dedica tiempo al disfrute de una buena obra literaria sacará provecho de la historia, sin duda, pero al mismo tiempo, y probablemente en muchos casos sin siquiera darse cuenta, su mente registrará el impecable uso de la lengua. Un lector ávido y activo tendrá incluso la oportunidad de regocijarse con el descubrimiento de palabras, estructuras y expresiones idiomáticas hasta ese momento desconocidas, presentadas cómodamente, nunca de manera forzada, en el marco de un párrafo que cuenta una historia atrapante.
¿Por qué leemos literatura?
miércoles, 9 de marzo de 2011
Se ha dicho que para ser buen escritor hay que ser, primero, buen lector. Los textos escritos por los grandes novelistas y escritores, presentes y pasados, son inmejorable escuela para quien quiera intentar luego su propia suerte en el difícil ámbito de las historias escritas y publicadas, de mayor o menor extensión; pero no sólo para el novel escritor son pues los libros herramienta importante, cobran el mismo valor para aquel que desee ahondar en los conocimientos de una lengua en particular, sea la materna o alguna que se esté estudiando como segunda lengua.
Si bien el disfrute primigenio de la literatura es lo que siempre ha atraído a los lectores, y nunca debe dejar de ser así, la oportunidad anexa que este arte ofrece para ampliar los horizontes lingüísticos vale oro y debe dedicársele, cuando se quiera y pueda, la mayor atención. Un buen libro y un buen diccionario son binomio ganador en lo que se refiere a la empresa de ampliación del lenguaje.
Publicado por
Carolina Duque
en
5:41
Etiquetas: AlejandroQuiceno, Literatura
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